jueves, junio 18, 2026

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Columna de Opinión : 100 días en la frontera

Sebastián Huerta
Delegado Presidencial Provincial de Parinacota

Estamos ad portas de cumplir 100 días desde la llegada del Gobierno del Presidente José Antonio Kast. Cien días que me ha tocado vivir donde Chile comienza. O donde termina. Depende de quién lo mire.

La frontera tiene algo curioso. Desde Santiago suele verse como una línea en un mapa. Desde Parinacota es otra cosa: es una realidad. Son paisajes imponentes y una riqueza natural única. Pero también es vivir sabiendo que el hospital más cercano está a varias horas de distancia. Es mirar una carretera por donde circulan comercio, turismo y oportunidades. Pero también una ruta que, durante mucho tiempo, ha sido aprovechada por el contrabando, el crimen organizado y la migración ilegal.

La frontera aparece poco en televisión o redes sociales. Salvo cuando algo explota. Cuando un camión se vuelca. Cuando una banda criminal es detenida. En resumen, cuando ocurre una tragedia. Después vuelve el silencio. Y con él, la ilusión de que la frontera es un asunto lejano, ajeno a la vida cotidiana del resto del país.

Estos cien días los he vivido recorriendo retenes policiales, el Complejo Fronterizo Chungará, Visviri y otros pueblos donde todavía quedan chilenos empeñados en hacer patria. No me gusta el concepto desde una mirada romántica. Eso sirve para los discursos. Hacer patria es una decisión cotidiana. Es cumplir el deber cuando nadie mira. Es estar donde otros se han ido.

Y al estar ahí, al conversar con quienes viven y trabajan en estos lugares, uno entiende que la frontera no es solo un problema de distancia o abandono. Es un lugar donde se cruzan oportunidades, carencias y amenazas que requieren una respuesta permanente del Estado.

En estos 100 días no solo hemos trabajado. También hemos aprendido. Y hemos comprendido que en Parinacota no existe una sola frontera: existen múltiples desafíos que se cruzan entre sí. En particular, hemos entendido que hoy libramos tres guerras.

La primera es contra el contrabando. Una verdadera economía paralela que financia organizaciones criminales transnacionales, que perjudica directamente a nuestros comerciantes honestos y pone en riesgo la salud de las personas. Huevos, ropa, cobre, vehículos y baterías circulando sin control. Todo tiene precio. Todo encontraba compradores mientras algunos miraban hacia otro lado. Hoy eso lo estamos enfrentando. Y con fuerza.

La segunda guerra es contra el despoblamiento. Porque una frontera vacía es una frontera débil. Insegura. Cada familia que se va. Cada escuela que se queda sin alumnos. Cada casa que queda abandonada. Es un espacio que Chile pierde. Las fronteras no se defienden solas. Tampoco se defienden únicamente con presencia militar o de Carabineros. También las defienden las personas que viven en ellas. Es urgente que el mundo privado tenga una participación activa en este desafío. Lo estamos impulsando.

La tercera guerra es contra el ingreso ilegal. Durante demasiado tiempo se instaló la idea de que controlar la frontera era imposible. Eso es falso. Nuestra región tiene 486 kilómetros de frontera con Perú y Bolivia. Faltaba voluntad y gestión. El mandato del Presidente José Antonio Kast fue claro desde el primer día. Recuperar el control de nuestras fronteras. Hacer cumplir la ley.

Todavía no hemos ganado estas batallas. Pero hemos recuperado algo que para nosotros es el punto de partida: la convicción de que es un deber ineludible darlas. Un deber que no se limita al gobierno de turno y donde el trabajo de Carabineros, Ejército, PDI, Aduanas y SAG es silencioso, permanente y está siendo efectivo.

La frontera sigue siendo compleja. Dura. Gigante. Pero hoy tiene algo que durante demasiado tiempo faltó. Voluntad. Y después de cien días, esa voluntad está más firme que nunca.

Sebastián Huerta
Delegado Presidencial Provincial de Parinacota

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