La ariqueña Ester Morales Matta apagó las velitas junto a su familia y recibió la visita del Orfeón Municipal, que tocó un repertorio con sus canciones favoritas.

La canción favorita de Ester Morales Matta es la tonada chilota “Gorro de lana”. Los recuerdos de su vida se empañan con el olvido, pero la letra de ese tema se aferra a su memoria y la canta a viva voz, aunque no es del sur, sino ariqueña.
Cien años cumplió el 20 de junio, pero quizás son más, considerando que antes la inscripción de los niños no necesariamente coincidía con el nacimiento. Vecina de la población Lautaro hace más de 60 años, tuvo una celebración con todo su clan, hubo torta, mariachis y una corona que la distingue como matriarca absoluta.
Y es que Ester cuenta a la fecha, una descendencia de 9 hijos, 30 nietos, 70 bisnietos y 30 tataranietos. Hija de Manuel Morales y Antonia Matta, la mujer fue nieta de José Manuel Morales Cáceres, combatiente de la Guerra del Pacífico, y ella, con orgullo desfiló varios 7 de junio como parte de los descendientes de aquellos veteranos del 79. Por eso, al igual que el “Gorro de lana”, el Himno de Arica no se borra de su memoria.

“¿Qué más puedo pedir? Para mí es lo más lindo que me puede pasar, le celebramos su cumpleaños número 100, ella compartió con nosotros y todo fue felicidad”, cuenta su hija y cuidadora, Rita Araya Morales.
La casa sin maestros
Si hay algo que destacan las hijas de Ester es su tesón y empuje, porque desde siempre Ester fue una mujer de esfuerzo. “Mi mamá trabajó toda la vida y a nosotros nos crió. No nos pudo dar una profesión porque no alcanzaba, ya que éramos 8 hermanos. Pero sí, ella trabajó mucho y duro. Incluso esta casa la hizo mi mamá con sus manos, con mis hermanos y unos primos. Aquí nunca ha puesto un maestro una mano”, dice Rita.
Wadfa es otra de las hijas y señala que todos en la familia están agradecidos de la crianza que recibieron de su madre mientras el padre se radicó en otra ciudad. “Nos formó como personas con los límites que ella podía tener y en realidad estamos súper contentos, muy agradecidos, porque con harto sacrificio nos sacó adelante y somos una familia feliz. Le agradezco a Dios por habernos dado estos 100 años con mi madre y disfrutarla también en momentos difíciles”.

La fortaleza de Ester se visualiza también en la salud, ya que superó el covid dos veces, la primera vez que enfermó incluso llegó a una residencia sanitaria donde se mejoró “a punta de chocolates”, ya que no quería comer, recuerda su hija Rita, y también venció un agresivo cáncer. “Nunca se echó a morir, ella seguía adelante”.
Todos los días se acuerda de sus hijos, pregunta hasta hoy cómo están y cuando alguno de ellos se enferma, se preocupa por saber si fueron al médico o si están tomando los remedios. “Se acuerda aunque al rato se le olvide, pero pregunta”, dicen.
El orfeón en Cadete Acuña
Ester vivió en diversos sectores de Arica. En calle Silva Arriagada, en Yungay, en el Barrio Industrial, y actualmente en el pasaje Cadete Acuña, donde pasa sus días mayormente descansando, sin ver TV, porque aseguran sus hijas, nunca le gustó. “Yo creo que el secreto para llegar a su edad es que ella siempre fue activa, siempre trabajó. Ella lavaba y planchaba, hacía aseo. Fue siempre dedicada a la casa, a su familia”, dicen sus hijas.
Por su cumpleaños, la mujer recibió la visita del Orfeón Municipal que llegó hasta el pasaje donde vive a cantarle un repertorio de cuatro canciones, entre las que se incluyeron el Gorro de lana y el Himno de Arica. Los ojitos de Ester brillan, su familia aplaude, un cartel que cita “Felicidades en tu cumpleaños número 100” y unos vecinos curiosos completan la celebración improvisada en Cadete Acuña.
“A los adultos mayores hay que darles amor, paciencia y cuidado incondicional. Mi mamá ha tenido un cuidado único, no hay nadie que pueda decir que haya pasado algo y que no la podíamos cuidar, estas cosas son así, serias. Lo único que tienen que hacer los hijos, los nietos, es quererlos y tener paciencia, eso nada más”, finaliza Rita.


