Décadas antes de convertirse en uno de los sectores asociados al crimen organizado en Arica, el territorio ya arrastraba una compleja historia marcada por residuos tóxicos y exposición a metales pesados.
Mucho antes de que Cerro Chuño se convirtiera en uno de los sectores marcados por la presencia del crimen organizado en Arica, el lugar carga con una historia que se inició lejos de sus viviendas. En 1984, la empresa Procesadora Metalúrgica Promel Ltda. comenzó a ingresar residuos provenientes de Suecia. La documentación disponible señala que se trataba de materiales enviados desde la planta Rönnskärsverken, de la empresa Boliden, y que fueron ingresados bajo la denominación de “barros con contenidos metálicos”.



El primer cargamento registrado por la documentación de la Biblioteca del Congreso Nacional ingresó el 24 de agosto de 1984 y correspondió a unas 8 mil toneladas. En los años siguientes continuaron llegando cargamentos, hasta alcanzar más de 20 mil toneladas ingresadas entre 1984 y 1989. El objetivo declarado era procesar estos materiales para recuperar metales, entre ellos, oro. Sin embargo, el negocio no prosperó como estaba previsto y los residuos terminaron almacenados en el denominado Sitio F, un terreno ubicado en el Barrio Industrial que Promel había arrendado a Bienes Nacionales.
Cuando los residuos fueron almacenados en el Sitio F, no existían poblaciones ni viviendas cercanas. El terreno estaba destinado originalmente a actividades industriales y se encontraba, en ese entonces, fuera del radio urbano. Con el paso de los años, sin embargo, comenzaron a construirse viviendas en sus alrededores.



Entre 1989 y 1995, el Servicio de Vivienda y Urbanización (Serviu) construyó viviendas sociales en el sector, abarcando espacios como Cerro Chuño, Los Industriales IV, Villa Los Laureles, Villa El Solar y Villa El Amanecer. Se ha señalado que las viviendas construidas en el área permitieron el asentamiento de aproximadamente 12 mil personas en las cercanías de la zona de acopio.
Pamela Muñoz fue dirigente en la Villa El Solar. Recordó que la entrega de viviendas en ese entonces se dio en tres etapas. Eran personas jóvenes que estaban esperanzadas con vivir una nueva época en sus casas recién entregadas. “En 1996 nos entregaron las viviendas, pero en el 2004 recién tuvimos el título de dominio, pero eso a nosotros no nos importaba, porque estábamos felices, hicimos familia y es algo que siempre vamos a recordar. Estuvimos 20 años celebrando Navidad, Fiestas Patrias, todo”.
A fines de los 90, rememoró que se empezaron a levantar las primeras demandas a raíz de un muestreo realizado por el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj), el que arrojó altos índices de plomo. “Decíamos ¿plomo? ¿qué es eso? Hasta que de repente nuestros niños empezaron a mostrar síntomas: se pelaban, tenían problemas en la piel, y lo más indignante es que llegó un veterinario a ver la situación y nos recomendó que los niños no se juntaran con los animales. Las autoridades nos vieron como lo más bajo, como unas personas sucias e infectadas”.
Ingrid Chacana, también vivió en el sector y mencionó que con el tiempo se les empezó a conocer como ‘la gente del plomo’, por los muestreos que se comenzaron a realizar. “Empezaron las protestas, porque no nos tomaban en cuenta, las autoridades solo iban a buscar votos y la gente empezaba a morirse”.
Ambas mujeres declararon que el sector de Cerro Chuño era de los más afectados con la contaminación, y que en algún momento se movió el acopio hacia Quebrada Encantada, pero con la gente viviendo en el mismo lugar. “Estábamos acostumbrados, pero las visitas sentían un olor extraño. Comprábamos el pan y un Migratam, porque vivíamos con dolores de cabeza, a otros les dolía la vista, pero seguíamos la vida normal, ya que nunca imaginamos algo así», señalaron.
Seguimiento toxicológico
Iván Paredes fue alcalde de Arica desde diciembre de 1994 hasta el año 2000. Recordó que cuando asumió ya había personas viviendo en el sector, por lo que aseguró que el municipio no tuvo mayor incidencia en la construcción de las viviendas. Por otro lado, señaló que el Servicio de Paz y Justicia, una organización originalmente creada para colaborar en la defensa y promoción de los Derechos Humanos fue clave en los primeros hallazgos de polimetales en el sector.
“Un día me pidieron una reunión en la Alcaldía para contarme que estaban haciendo unos análisis y la montaña de basura tóxica que existía era un gran problema. Fue así como presentamos el primer recurso de protección en la Corte de Apelaciones de Arica. Nunca se ha hecho un reconocimiento a Serpaj que fueron los primeros que nos alertan de la situación y es así como empezamos a actuar como municipalidad”.
Agregó que, en esa época, no existía la ley que obliga al estudio de suelo, por lo que el Serviu construyó además, sin permiso municipal de edificación, sin recepción final, y sin estudio de impacto ambiental, porque no había nada que lo mandatara.
A fines de los 90 comienzan a levantarse las primeras alertas respecto de la composición de los residuos y su eventual riesgo. Documentos oficiales posteriores describen la presencia de plomo, arsénico, cadmio, mercurio, cobre y zinc, entre otros elementos. El propio estudio de riesgo elaborado para el Ministerio del Medio Ambiente registra que en 1996 comenzaron gestiones del Servicio de Salud de Arica para retirar los residuos peligrosos existentes, en un contexto marcado por la cercanía de las poblaciones.
En 1998, la contaminación comenzó a medirse en las personas mediante un plan de seguimiento toxicológico a los habitantes del Sector Cerro Chuño–Los Industriales. Con algunas muestras, se determinó que el 23% de los niños examinados presentó niveles de plomo superiores a 10 µg/dL, mientras que en las mediciones de arsénico el 6,1% de los niños y el 3,2% de los adultos superó el nivel considerado en ese estudio. Así fue como Cerro Chuño ya no era solo un sitio de almacenamiento, y pasó a reconocerse como un punto en el que había evidencia de exposición a polimetales en sus vecinos.
Dos años después, en noviembre de 2000, una campaña de determinación de plomo en el sector Cerro Chuño-Los Industriales analizó 4.992 muestras, principalmente de niños y adolescentes, identificándose 131 casos confirmados con niveles iguales o superiores a 10 µg/dL, equivalentes al 2,7% de las muestras. Estas contenían plomo, arsénico, cadmio, mercurio y otros metales pesados.
El ex alcalde Paredes recalcó que poco a poco empezaron a aparecer casos de aborto espontáneo en mujeres embarazadas, debilidad ósea y un incremento en los cánceres. “Dimos una pelea feroz en Suecia, recorrimos las radios latinas de Estocolmo, y trajimos cuatro containeres con muletas, bastones, sillas de ruedas, porque hicimos gestión. Se hicieron demandas en Suecia, pero estas no prosperaron, porque el Tratado de Basilea fue posterior a la internación, y este compromete a que el Estado se haga cargo del daño ambiental que generan sus empresas, y por ello no pudimos demandar. Pienso que hicimos todo lo que podíamos hacer y más”.
Contacto saca a la luz
La hija de Pamela Muñoz, ex dirigente de Villa El Solar, nació en 1999 con problemas cardíacos, y su hijo menor con autismo y altos índices de arsénico en su cuerpo. Vecinos de ella están con artritis, artrosis y osteoporosis, entre otras afecciones. Recordó que ya en la década del 2000, el programa de investigación Contacto de Canal 13 se interesó por levantar un reportaje sobre la realidad de Cerro Chuño y sus alrededores.
“Ellos buscaron la manera de que esto se destapara a nivel nacional, revelando los resultados de los exámenes, porque el Estado no quería que se conocieran. Ellos hicieron todo un trabajo para que esto saliera a la luz, se consiguió un plano, en el que Cerro Chuño aparecía en rojo, porque las muestras estaban en niveles altísimos y ellos resguardaron las muestras, ya que era increíble lo que estaba pasando. Es más, me dijeron ‘Pamela, olvídate del plomo, acá hay niveles enormes de arsénico’”, contó.
Es así como los vecinos de la Villa El Solar recibieron la instrucción de salir sí o sí del lugar por recomendaciones de toxicólogos, ya que su sangre presentaba niveles nunca vistos de los metales. En el momento en que Michelle Bachelet como ministra de Salud visitó a los vecinos, varios intentaron hacerle llegar sus demandas, y pocos pudieron entregarles cartas o hablar con ella. “Estábamos abandonados, contaminados y enfermos. Gracias a Contacto se supo todo, pero ahora teníamos otro problema, y era decirles a los vecinos que nos vamos del sector. Imagínese lo que es dejar la casa que tanto nos costó”, recordó Muñoz.
Para entonces, Cerro Chuño había dejado de ser únicamente el lugar donde alguna vez se almacenaron residuos. Era un territorio habitado, con familias que habían construido allí sus vidas y que ahora debían enfrentar las consecuencias de una contaminación que durante años permaneció fuera de su conocimiento. La casa propia, aquella que alguna vez significó el comienzo de una nueva vida, se había convertido en parte del problema.

