Por Julio Verdejo Aqueveque. Director Ejecutivo de SLEP Chinchorro
Cada inicio de año escolar en Arica y Parinacota es reencuentro y promesa. Vuelven las mochilas, los saludos en la puerta, el timbre que despierta la mañana. Y aquí, en este norte de sol y mar, ese primer día no es solo rutina: es una señal de esperanza.
En Arica, en Camarones, en Putre y en General Lagos, la educación pública abre camino. Llega donde el mapa se estira, donde la distancia pesa, donde a veces cuesta más. No pregunta de qué barrio vienes ni qué historia traes: simplemente te recibe. Y al recibirte, sostiene oportunidades para aprender, crecer y soñar, justo donde más se necesitan.
La educación pública aquí tiene rostro y nombre. Se siente en el Liceo Octavio Palma Pérez, que vuelve a abrir sus salas como un espacio de esfuerzo y futuro; en el Liceo Bicentenario Jovina Naranjo Fernández, que empuja altas expectativas con sentido de equidad; en el Liceo Antonio Varas, donde cada jornada cuenta para no soltar trayectorias; y en escuelas como República de Israel, Tucapel o Regimiento Rancagua, en Chitita o Visviri que día a día hacen de la sala de clases un lugar de cuidado, aprendizaje y comunidad.
Por eso, cuando hablamos del SLEP Chinchorro, hablamos de una tarea concreta: que nadie quede fuera. La educación pública no selecciona, no excluye y no abandona. Llega primero, acompaña más, insiste cuando cuesta. Y lo hace con equipos que enseñan, orientan, contienen y levantan a sus estudiantes incluso en los días difíciles: docentes, asistentes de la educación, directivos y profesionales que sostienen la escuela como una red humana.
Este 2026 el llamado es simple y profundo: proteger la asistencia y la continuidad. Porque cada día en clases es una oportunidad que se recupera, un hábito que se construye, un vínculo que se fortalece. Cuando una escuela funciona bien, no solo mejora un indicador: mejora la vida de una familia y el futuro de un territorio.
Que este año escolar nos encuentre unidos en lo esencial: cuidar la educación pública, porque cuando la educación pública avanza, Arica y Parinacota completa avanza con ella.

