Por Jorge Díaz
Arica no puede seguir esperando. Somos una región con puerto, frontera y sol suficiente para convertirnos en una potencia energética, logística y turística. Pero seguimos dependiendo casi exclusivamente de la inversión pública, mientras el capital privado internacional busca otros destinos más seguros.
Buses eléctricos: un modelo distinto
Un ejemplo de cómo cambiar esta inercia lo vivimos recientemente con la llegada de los primeros buses eléctricos a la ciudad. Este hito no fue fruto de un solo actor: detrás hubo una alianza público-privada donde el Gobierno Regional aportó recursos iniciales y pequeños empresarios del transporte pusieron su capital.
Con ello se rompió la lógica que buscaba expulsar a los transportistas locales en favor de grandes holdings que concentraran toda la concesión del sistema. Se eligió otro camino: uno que protege la identidad económica de la región y abre espacio a la innovación.
Inversión que también genera empleo
El proyecto no solo moderniza el transporte urbano. También se conectó con decisiones del Consejo Regional de Capacitación y Empleo de SENCE para formar conductores con licencia en electromovilidad.
Y aquí se marcó un punto adicional: abrir oportunidades especialmente para mujeres, generando un mercado laboral que antes no existía en la región. En otras palabras, inversión público-privada que no solo trae tecnología, sino también inclusión y nuevos empleos.
Si Arica no se defiende sola, nadie lo hará
La experiencia nos demuestra algo clave: si no somos nosotros quienes trabajemos por defender nuestras necesidades y demandas, nadie lo hará por nosotros. Las decisiones que toma el Estado en Santiago rara vez nacen desde la realidad ariqueña ni responden a las urgencias de nuestra gente.
Por eso existen los parlamentarios y las autoridades regionales: para incidir en la inversión, para abrir soluciones propias y para transformar la voz de Arica en acción concreta. Ese es el verdadero sentido del ariqueñismo: creernos capaces de empujar nuestro desarrollo y demostrar que esta región no está condenada a la espera eterna.
Un Fondo de Coinversión Regional
Este camino debe inspirar una política más amplia: la creación de un Fondo de Coinversión Regional. Un mecanismo en el que la región, a través de sus recursos públicos, ponga el capital inicial, reduciendo el riesgo, y así atraiga inversión extranjera y nacional en sectores estratégicos como energías renovables, agroindustria, turismo patrimonial o logística portuaria.
La lógica es clara: cada peso público invertido puede multiplicarse en empleos, innovación y desarrollo.
No pedimos más subsidios ni favores desde Santiago. Lo que pedimos es que Arica se ponga de pie y se convierta en socio activo del desarrollo, con reglas claras y visión de futuro.
Arica debe dejar de ser vista como “extrema” para transformarse en central en la estrategia de Chile hacia el mundo. Ese es el desafío: demostrar que cuando la región apuesta primero, Arica gana.

