Llegó a Arica desde Coronel como vendedor ambulante, fue autoridad, y ya casi en edad de jubilar, decidió convertirse en abogado. Instalado en su propia oficina, repasa la historia que lo formó y adelanta su intención de volver a la alcaldía.



En su oficina de calle Blanco Encalada hay una gran ventana con vista al Morro de Arica y la bandera chilena flameante bajo el sol de la Eterna Primavera. Iván Paredes Fierro reconoce algo que lo maravilla. “Jamás imaginé que iba a estar sentado aquí, en una oficina de abogado”, dice mientras repasa su juventud temprana como chinchorrero del carbón en el sur. A sus 67 años, el exalcalde y exdiputado decidió que su historia no podía quedar inconclusa, y hace dos meses terminó su mayor tarea pendiente, finalizar la carrera de Derecho.
Desde Coronel


Pero antes de ser autoridad y de ser abogado, Paredes fue un joven vendedor ambulante que llegó a Arica en 1983, desde Coronel, junto al amor de su vida Emelina Romero «Malena», con octavo básico y 24 años encima. Era y sigue siendo un apasionado lector, porque su relación con las letras estaba dada desde hace tiempo. “Vendía libros, traía mercadería de Santiago. Tenía clientela, les daba crédito… así sobrevivía”, recuerda. Sin embargo, un día una clienta le sugirió que terminara los estudios. Así, culminó la enseñanza media, y sin saberlo, puso la primera piedra para terminar jurando en la Corte Suprema, coincidentemente, al igual que sus hijos, quienes también son abogados.
El despertar político llegó pronto. Pasó de dirigente a concejal. En 1994 asumió la alcaldía de Arica con seis años de gestión y, más tarde, dos periodos como diputado. Su último reto político fue ser consejero regional, cargo que ejerció hasta enero de este año.
Habla con la memoria exacta de quien no solo administró una ciudad, sino que caminó cada obra. El paseo 21 de Mayo, la biblioteca de Yungay, el Epicentro 1, el complejo de la Villa Pedro Lagos, la biblioteca de Capitán Ávalos, el borde costero en Chinchorro. “Nadie sabe que las hicimos nosotros”, dice con orgullo, y agrega que las licitaciones siempre se hicieron con concejales, empresas y el secretario municipal presente. “Por eso camino tranquilo por la calle. Nadie puede decir que me pasaron plata o que alguna vez se encontró alguna irregularidad. Yo creo que por eso la gente me saluda donde voy, en restaurantes o en bencineras… nunca podrán decir que tuve faltas con sanciones administrativas”, afirma.
El salto más grande: volver a estudiar
El ex alcalde cuenta que un día, ya pasados sus 50 años, pensó en su jubilación, en lo poco que tendría para pasar los años que le quedaran y tomó una decisión. “Los abogados no se jubilan”, pensó, y se matriculó en Derecho en la Universidad de la República. “No había personas de mi edad estudiando, ninguno. Había cuarentones y cincuentones, además yo era conocido, pero nunca me regalaron nada, al contrario, si me equivocaba era peor”. Así llegó a tomar hasta nueve asignaturas por semestre.
Estudió siete años, divididos en cinco de carrera, uno preparando el grado, y seis meses de práctica. Sacó los ramos uno a uno, arrastrando algunos, celebrando otros. Y cuando llegó la hora de jurar, lo hizo en Santiago. Hoy trabaja en materias civiles, laborales y de familia, junto a dos socias a quienes conoció durante su práctica.
Y aunque su vida ahora transcurre entre escrituras, demandas y mandatos, Paredes no cierra la puerta a la política. De hecho, la abre sin rodeos: “Voy a ser candidato a alcalde en la próxima elección”. Lo dice con calma, pero también con la convicción de quien siente que la ciudad que ayudó a transformar tocó fondo y que “poco se ha hecho”. Asegura que la Arica que él conoce puede volver a levantarse.
Se hace camino al andar
Su vida, al final, parece estar marcada por una frase de Antonio Machado y que popularizó Joan Manuel Serrat, pero que él hace propia, y que incluso, fue el título de su libro: “Se hace camino al andar”, una especie de mantra que demuestra su historia; la del vendedor que se volvió alcalde, el alcalde que se volvió diputado, y el diputado que decidió que nunca era tarde para convertirse en abogado.

